



Hace unos días que volví de mi viaje a Disneyland París. Me hubiera quedado a vivir allí, jeje. La primera impresión cuando se traspasa la puerta de entrada y entras a Main Street es la de estar viviendo un sueño. Los establecimientos, perfectamente cuidados, el olor a azúcar (barbe a papa) de las tiendas de dulces, el tren que pasa silbando y echando su vapor a toda presión, la glorieta desde la que se divisa al fondo el castillo de La Bella durmiente. Allí no hay tiempo para el aburrimiento, siempre hay cosas que hacer para divertirse, espectáculos, música, desfiles en la calle (a pesar de estar a casi ocho grados bajo cero). Por la noche, todavía es más bonito si cabe, con un iluminado espectacular (a eso hay que añadir la decoración navideña y el enorme abeto de más de 20 metros que presidía la plaza de Twon Square) y el castillo iluminado con cientos de bombillas que lo realzan en la oscuridad.
Reconozco que he pasado más frío que en toda mi vida junta, pero todo ha merecido la pena y me iría mañana de nuevo. Si me tuviera que quedar con una instantánea del viaje me quedo con la cara de felicidad de mis dos sobrinos cuando vieron por primera vez a Mickey Mouse bailando en la plaza central del parque, con el majestuoso castillo de fondo. Ayer cumplí 34 inviernos, y reconozco que disfrute tanto o más que ellos; debe ser que mi síndrome de Peter Pan va in crescendo.
Se me hizo un nudo en la garganta al ver que todo aquello salió de la imaginación de un hombre, Walt Disney, un simple mortal que hizo que el mundo cambiara llenándolo de fantasía e ilusión.
Animado.







Cuando cae de nuevo la noche, la pareja de zorros adultos salen de nuevo a robar una gallina a la granja, pero esta vez son descubiertos por Evans y su esposa, que escopeta en mano apuntan hacia ellos. En ese momento, el pavo y Nick se interponen entre el arma y los zorros logrando que estos escapen.
Finalmente, escondidos en el granero consiguen huir, no sin antes llevarse una gallina para la cena. Mientras Evans y su esposa salen al campo a buscar a los esbirros, el pavo se queda tranquilamente al calor del hogar.
Es una historia sencilla, pero que me ha venido a la memoria en estas fechas en las que estamos. Deseo que todos los que leéis este blog tengáis una muy Feliz Navidad y un buen comienzo de año 2010.
Animado.

Hoy, 10 de noviembre de 2009 se celebra en todo el mundo el 40 aniversario de la mítica serie de televisión “Barrio Sésamo” (Sesame Street) y no quería perder la oportunidad de dedicar desde este rinconcito virtual mi homenaje al programa con el que crecimos la gente de mi generación y que aún hoy en día, pese a la gran oferta de canales y programas de todo tipo se sigue emitiendo aunque haya sufrido una variación de formato, de horario e incluso de gustos alimenticios de algunos de sus más célebres personajes (hoy mismo he podido leer en un periódico de tirada nacional que Triki, el monstruo de las galletas, ha cambiado las galletas por zanahorias (debido a la obesidad infantil)… ¡¡alucinante!!).
El erizo Espinete y los niños del barrio.
Don Pimpón.
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Una vez en el monte, Chernobog, con un simple gesto los transforma en seres grotescos y aberrantes formados por partes de animales. Son seres infernales y como tales no duda en lanzar con violencia a esas alimañas al mismo fuego del averno. El monte se ha convertido en el mismísimo infierno, con un cráter en su cúpula del que salen llamas que lo abrasan todo. De las llamas se forman bailarinas, mujeres de fuego que danzan delicadamente; pero el maléfico no permite belleza alguna en su rito de dolor y muerte, por lo que las transforma en seres viles y espantosos que lanza de nuevo al azufre.
Llega el alba. La noche toca su fin. La campana de la iglesia anuncia la pureza del día. Chernobog no tiene poder, se debilita, sólo la noche lo hace indestructible. Puede ver como las almas que no han sido arrojadas al fuego regresan a sus tumbas, a descansar bajo su impotente mirada. Él, repliega sus alas y se acurruca en ellas, transformándose en roca y formando parte del pico del Monte Pelado. Todo ha vuelto a la normalidad. Aquí no ha pasado nada.
Recuerdo su reestreno en el verano de 1990, por su 50 aniversario. Yo tenía 14 años Aquella tarde, mi hermano y yo, bajamos al centro de Alicante y nos metimos en el cine Casablanca, el primer multisalas por aquellos tiempos. Él entró a ver “Terminator 2”. Yo no tuve ninguna duda, quería ver “Fantasía” y fueron 2 horas en las que la música y los dibujos me transportaron por primera vez a otros mundos. No se olvida fácilmente esa experiencia de verla en el cine, con un sonido estereofónico y unas imágenes brillantes (según la crítica incluso en mejores condiciones que cuando se estrenó en 1940). ¡Fue un espectáculo único!
Feliz Halloween.
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